Historia

NUESTRO NOMBRE

Está por hacer el análisis filológico del topo­nímico que da nombre a nuestro pueblo. Tema su­gerente que algún día se abordará.

La opinión más común sustentada hasta aho­ra es que «villares» venía a significar en los siglos XV y XVI «cortijada» o población rural disemina­da. De hecho el topónimo «villar» (del latín villa­ns) significa pueblo pequeño de escaso vecindano.

Lo cierto es que Los Villares es un topónimo muy frecuentado en la geografía española. Lo en­contramos en los siguientes lugares:

Villares (Albacete)
Villares (Gijón ¡ Asturias)
Villares (Nava ¡ Asturias)
Villares (Navia ¡ Asturias)
Villares de Abajo (Asturias)
Villares de Arriba (Asturias)
Los Villares (Córdoba)
Villares de Saz (Cuenca)
Los Villares (Granada)
Villares de Jadraque (Guadalajara)
Villares de Orbigo (León)
Villares (Barreiro 1 Lugo)
Villares (Mato 1 Lugo)
Villares (Regopequeno 1 Lugo)
Villares (Vilasuso 1 Lugo)
Colonia de Los Villares (Madrid)
Villares de la Reina (Salamanca)
Villares de Yeltes (Salamanca)
Los Villares de Soria

En nuestra propia provincia de Jaén también es frecuente localizar el topónimo Los Villares en varios municipios, lo que da lugar a confusiones. El caso más conocido es el del antiguo municipio romano de Isturgi, hoy Los Villares de Andújar, tan­tas veces transmutado por los falsos cronicones a nuestro pueblo.

En concreto podemos localizarlo al revisar la cartografía en los siguientes lugares:

Villares (Campillo de Arenas)
Villares (Hinoj ares)
Los Villares (Bedmar ¡ Garciez)
Los Villares de Andújar
Los Villares (Canena)
Los Villares (Santiago ¡ Pontones)
Los Villares (Vilches)
Los Villares (Huelma)
Los Villares (Lopera)
Los Villares (Torredonjimeno)
Los Villares (Villarrodrigo)

PRIMEROS INTENTOS DE REPOBLACIÓN

Aunque siempre se ha tomado como referencia fundacional de la creación de Los Villares la conocida célula expedida por la reina Da. Juana en Burgos el año de 1.508 autorizando y promoviendo la creación de nuevas poblaciones en el ámbito territorial del Concejo de Jaén, lo cierto es que hubo anteriormente otro intento colonizador que por diversas causas no se llevó a efecto. Sobre él queremos ofrecer unas breves notas que más por extenso analizamos en la historia del pueblo que actualmente ultimamos.

La campaña emprendida por los Reyes Católicos para dominar el último enclave musulmán, el Reino de Granada, experimentó un señalado avance por tierras de Jaén. Un fuerte ejército dirigido personalmente por el rey D. Femando y en el que formaban 6.000 hombres del Reino de Jaén mandados por el corregidor Francisco de Bobadilla, con el novedoso y terrorífico apoyo de las primeras piezas de artillería que dirigía el legendario artillero Francisco Ramírez de Madrid, cruzó la Sierra y puso cerco a las fortalezas de Cambil y Alhabar, que no pudieron resistir el empuje y se rindieron el 22 de septiembre de 1.485, pasando su alcaide Mohamad Lentín a Jaén para besar las manos de lá reina Dña. Isabel, como signo de sumisión y vasallaje antes de retirarse a Granada.

Despejado el peligro que suponía aquella bélica frontera, dueños de las fortalezas de Arenas, Cambil, Alhamar y Otiñar… que aseguraban el control de la Sierra, se proyectó la repoblación de la zona más feraz de la Sierra Sur, levantando población en los hasta entonces solitarios cortijos de Los Villares.

Las referencias a esta fallida repoblación las localizamos en el Archivo General de Simancas (Valladolid), en cuya sección de «Registro General del Sello» se hayan. Este Registro del Sello se configuró en tiempos de los Reyes Católicos que en las Cortes de Madrigal, de 1.476, ordenaron que el canciller registrador «tome registro foradado de cada una carta y provisión que registrare y lo ponga en el libro de su registro, de otra guisa que no de fe que es registrada la tal carta…». Y gracias a ello es como nos ha dejado noticia de la primera repoblación de Los Villares, asunto sobre el que localizamos dos referencias.

El 18 de noviembre de 1.489 los Reyes Católicos daban licencia al Concejo de Jaén para comenzar la repoblación de una extensa zona de Sierra comprendida entre la ciudad, el castillo de Otiñar y las márgenes del río Eliche, creándose una villa en los cortijos de Los Villares, que serviría para asegurar la zona, hasta entonces muy despoblada y para iniciar los duros trabajos de roturación de aquellos inmensos baldíos.

El proyecto se dilató por intereses particulares hasta que de nuevo, el 4 de marzo de 1.494 se reactivó repartiéndose siete vecindades a otros tantos moradores de Jaén, con la obligación de que construyeran sus casas y comenzaran la roturación de las parcelas rústicas adjudicadas. Pero pronto surgió el fraude, pues los nuevos colonizadores, una vez adquirida la propiedad de la tierra, continuaron residiendo en Jaén, no levantaron sus casas y sólo acudían esporádicamente cuando el laboreo lo precisaba. Los jurados, que eran los miembros del ayuntamiento que representaban al vecindario y vigilaban el buen orden ciudadano en todos los sentidos, aprovecharon esta situación de incumplimiento y dada la ligazón de algunos de ellos con la poderosa organización ganadera que en aquel momento era la Cofradía de Santo Domingo de los Pastores, consiguieron que el Concejo de Jaén se desdije se de su proyecto colonizador y determinara que las tierras de la Sierra Sur y las riveras de los ríos Frío y Eliche, quedaran como zona de almacenamiento de pastos, donde los ganaderos de Jaén tuvieran asegurado el sustento de sus nutridos rebaños, e incluso pudieran contar con algunos gajes más como el carboneo, la saca de leña, aprovechamiento de colmenas, etc.

Se frenó así un esperanzador atisbo de colonización, que habría que esperar hasta que el 17 de marzo de 1.508, la reina Da. Juana, otra vez a instancias del voluble Concejo de Jaén, lo reactivara.

De aquellos proyectos de 1.489 y 1.494 perdiose la memoria. Y solo algunos investigadores Coronas Vida, Ladero Quesada, lo han mencionado. Por eso para que no se pierda su memoria, nosotros hemos querido rescatar su testimonio escrito que ahora duerme silencio de siglos en la quietud de un señorial archivo castellano.

Manuel López Pérez
Cronista de Los Villares
Revista escolar “La Fuente”

JUAN DE REOLÍD

Artífice del Plano Fundacional de Los Villares

A través de estas líneas vamos a hacer una aproximación a la figura de un personaje vinculado a la historia de nuestro pueblo: Juan de Reolíd.

Aunque de él sabernos que fue el encargado de hacer el trazado del primitivo núcleo de urbano de Los Villares, también es verdad que se trata de uno de los hombres con mayor peso en la delirante actividad artística por la que se caracterizó la provincia de Jaén durante el siglo XVI. Esa época, llamada del Renacimiento -precisamente cuando se fundan en la Sierra Sur una serie de poblaciones entre las que se encuentra la nuestra-, fue una etapa de esplendor en el mundo del arte europeo, que tuvo también su reflejo en el llamado reino de Jaén, convertido desde entonces en uno de los principales focos del arte renacentista español.

Así pues, dentro de este entorno cultural, nace Juan de Reolid en la capital de la provincia hacia 1.506, en el seno de una familia de cierto acomodo económico, que le permitió dedicarse ya desde muy joven al aprendizaje del oficio de escultor entallador.

El oficio de entallador, con el que se viene citando a Reolid, es el mismo de imaginero o escultor, es decir, el de una persona especializada en realizar imágenes en madera, piedra u otro tipo de materiales, así como de labrar elementos decorativos que después se aplicarán como ornamento a las obras arquitectónicas en forma de relieves, etc.

Según los datos aportados por el profesor Domínguez Cubero en «De la tradición al clasicismo pretridentino en la escultura giennense», Juan de Reolíd debió tener una etapa de formación a la que se adjuntan diferentes estancias en Sevilla y Granada, focos culturales y artísticos de verdadera importancia en la Andalucía del siglo XVI. Hacia 1.530 vuelve a Jaén para establecerse definitivamente como maestro entallador, abriendo un taller que llegó a ser el más importante de su época en esta zona.

A lo largo de su trayectoria profesional realizó tanto obras en piedra como en madera, sobre todo

para los diferentes templos parroquiales de la provincia que, terminados de construir por esa época, pasaban por el proceso de su decoración a base de retablos y otro tipo de obras artísticas.

Por tanto, es gozando de pleno éxito como artista, cuando es citado como vecino y morador para el lugar de Los Villares y Cerro del Viento, según un documento de 21 de mayo de 1.539, con la condición impuesta de residir en dicho lugar como propietario.

Plano de la fundación de Los Villares.

De esta forma, y siendo una persona letrada y culta, con conocimientos no sólo de escultura sino también de dibujo, física, ingeniería, arquitectura, etc., es requerido como tracista del primer plano conocido de Los Villares, así como testigo de dis­tintos actos en la fundación como la toma de pose­sión por parte de los propietarios de diferentes so­lares.

Por último, debemos escribir que no duró mucho su relación con nuestro pueblo, pues nunca llegó a residir en él, por lo que en 1.543 se vio obli­gado a vender las propiedades que se le habían adjudicado. Domínguez Cubero nos habla de su muerte en 1.571 «en extrañas circunstancias, asesinado por el ventero de Barranco Hondo, Antonio Hernández, con la colaboración de Pedro Hernández de Portales».

Rosario Anguita Herrador
Profesora titular de Hª. del Arte de la Univer. de Jaén